miércoles, 28 de noviembre de 2018

Tercera entrada del Reportaje biográfico


Biopic del director, completa y ligera

Un repaso por datos y vivencias importantes de su biografía



Luis Ramírez, también conocido como "Lucho Ramírez", es nombrado por la universidad Jorge Basadre de Tacna Bachiller en Ciencias de la Comunicación. Además, el año pasado Ramírez ha coordinado más de diez puestas en escena con diferentes colectivos teatrales en Tacna y actualmente ayuda a gestionar el espacio “Casa Laramamango” en la ciudad heroica.

Pero por muy bien que parece irle, este actor comprometido se las ve muy a menudo con sus demonios internos que nos confiesa, vienen desde una infancia complicada:

Infancia de pirata

La familia de Luis siempre ha estado muy ligada al teatro. Su padre, el puneño Jorge Ramírez, fue un seguidor acérrimo de la corriente indigenista y lo indujo a representar obras “autóctonas” de su región; su madre fue promotora de eventos en general, bien podía estar dirigiendo una despedida de solteros como un meeting de seguidores de Sendero Luminoso y su abuelo fue otro gran dramaturgo: Peter Ramírez. También son entre actores y directores 3 tíos y 6 primos, así que su familia lleva el teatro en la sangre.
Jorge Ramirez, el padre de Luis, perdió todo su dinero en una serie de malas inversiones, y la familia entera llegó a ser desahuciada cuando el actor tenía sólo 14 años. Fue la primera de sus dos veces en la ruina, y pasó entonces por su primera depresión, agravada por el acoso escolar que sufrió en aquella época. Pero todo cambió cuando ingresó al taller de expresión corporal de Jimena Churata. Él mismo ha contado que cuando tenía 16 años sus compañeros de instituto "apuntaba a ser un actor de telenovela", porque ya entonces salía a escena cada que su primera maestra le exigía que lo hiciera. El pobre no tenía muchos amigos y llego a ser el hazme reír de su salón cuando decidió compartir su afición. Pero, aun así, consiguió terminar con altas notas y posteriormente ingresaría a la escuela profesional de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Jorge Basadre de Tacna. Ramírez conoció el amor, mediante su primera novia, Dany García, quien también gusta del mundo de la dramaturgia.
Con 23 años lo habían rechazado continuamente del grupo de teatro universitario porque, en sus propias palabras, "no era lo bastante bueno". Al perder contacto con el mundo teatral se sintió devastado de tal manera que entendió que su mayor conforte era actuar y crear personajes que cautivaran. Así que, deprimido, se dedicó a estudiar por su cuenta los clásicos peruanos del teatro, entre ellos Bondy y Yerovi. Pronto volvería a pisar las tablas

Cuando se sintió devastado

El actor pidió ayuda a su padre para crear una compañía teatral y Jorge Ramírez le brindó más que eso, una comprensión sincera. Los inicios del actor fueron muy poco ascendentes, actuando una vez al año en obras que poca gente se dignaba a asistir. Es cuando se dio cuenta que el teatro debía estar en constante progreso y modificación si se quería realmente elevarlo a un plano de importancia social.

Gestor en Casa Cultural Laramamango

Poco a poco, Ramírez fue convirtiendose en un gestor de puestas en escena, mucho más elocuente de lo que fueron nunca otras asociaciones teatrales, apostaba por las nuevas propuestas que venían de todo el sur del país y también de Lima; y no tardó en debutar como actor, haciéndose conocido de los gestores de la casa cultural mencionada.
ramírez no tardó en hacerse un nombre, un referente del teatro en la escena independiente de Tacna.

En ese momento, Ramírez recibió una propuesta de trabajo en la casa cultural Laramamango que había perdido justamente quien ocupaba el cargo anteriormente haciendo papeles muy diferentes para demostrar su versatilidad como actor y de a pocos perfilando su lado dirigente. Al principio la asistencia se hacía esperar, hasta que llegó el reconocimiento del pueblo tacneño después de presentar “Gotas Secas”.

Hoy en día, Luis Ramírez saborea un prudente reconocimiento acompañado de su actual novia, la cantante Laura Huaquisto, y de un trabajo en medios tacneños luego de titularse con honores de la Universidad de Jorge Basadre de Tacna. Así es que ahora plantea poner en el espacio tacneño una obra como mínimo por espacio de dos meses. Y tiene también su propia compañía, con el curioso nombre de "La compañía pujante” en recuerdo de que debió de realizar para ganarse el nombre y la reputación que ahora maneja.  Con esa compañía ha puesto en escena ya dos obras. “Cuando el día viene mudo” es la segunda y con esta ha vuelto a su tierra puneña a actuar, ha venido a Arequipa y en los próximos días viajará hacia Moquegua para terminar un año próspero y lleno de enseñanzas y fe renovada en el género dramático.


Luis Ramírez de pasada por Arequipa presentando "Cuando el
día viene mudo"



Segunda parte del Documental biográfico


Cuando el día de la obra llega mudo


Luis Ramírez es director, acomodador y espectador


Luis Ramírez se planta en la puerta del local del Teatro Universitario de la UNSA, saluda con humildad de director novísimo a los concurrentes, agradece y los sitúa en un lugar cómodo. No es la excepción conmigo, y aunque no vaya vestido de la manera más adecuada (había apenas salido del trabajo) calmo me aconseja sentarme en primera fila “para ver el show en detalle”. Separo una silla para mi enamorada.

Conforme los minutos avanzan y el escenario que hace también de palco se llena, compartimos nerviosismo, él naturalmente por ser director y yo por la gente que empieza preguntarme si el asiento está libre u ocupado. “Sí, está ocupado”, respondo con algo de hostilidad. Entre susurros escucho el comentario de alguien inoportuno: “en el teatro no se pueden separar asientos”. Lo mismo pienso yo, pero más estoy emocionado por ver la obra y me olvido en un segundo de lo acontecido.

Luis mira el reloj. Después de media hora, puntualmente, cierra las puertas y apaga las luces, no sin antes dar las advertencias de siempre, sobre los celulares y el uso del flash de sus cámaras. La bulla se acaba. El espíritu del director acaba de hacer presencia de una forma contundente y clara. Desde el arranque, el tímido Luis de la mañana ha desaparecido. En su lugar encontramos al dramaturgo enfocado en su papel social y por qué no, de mediador entre una puesta en escena y espectadores.
Que hable la obra. En treinta minutos que no narraré se presenta la historia de dos jóvenes amigos que se confunden al descubrir que ambos han crecido y experimentan el amor y otras emociones de maneras totalmente diferentes, casi transversales. El día, como nos prometió Luis desde la elección de la obra, llega mudo al finalizar la puesta y deja dos, incluso tres heridos de una guerra fría, intensa pero que no llega al clímax.

Esta ausencia se transforma en esencia dentro del marco de la obra. Finalizando, Luis pide fuertes aplausos para los actores y los colaboradores de tal magnánima obra. La universidad, dice, lo ha acogido con inigualable vitalidad y criterio. La mayoría de espectadores, evidentemente, estudian en la casa de estudio que Ramírez contempla con júbilo. Vendrá más seguido, promete.
Responde una a una todas las cuestiones, que van desde la puesta en escena hasta preguntas sobre la elección del tema, si se trata de una forma tácita de expresar su homosexualismo, en fin. Las conclusiones erradas sobran hasta que Luis se expresa. Ahora en su rol de director explayándose sobre su adaptación, plantea la siguiente idea elocuente:

“No se trata de mi, ni de los autores, ni siquiera de la obra y menos del guion. Es una experiencia esto que he querido brindarles. Ustedes con sus vidas forjadas por circunstancias equis han soñado con esto, con experiencias fuera de foco, con amigos que lo brinden todo a través de poemas y con fantasías homosexuales. Para eso estamos, para el desfogue del imaginario colectivo, para erradicar esa vibración ansiosa, ese dengue humano”.

El arte escénico y Luis, pienso, comparten esa simpatía por la gente, por hacerlos sudar como juguetes vivos y de emociones que por un momento se han prestado voluntariamente a aceptar una “realidad extraña”, que sin embargo, retumbaba con violencia en el subconsciente. Con respecto a las preguntas sobre su supuesto homosexualismo, hace lo mejor: las afronta sin temor alguno:

“El teatro se alimenta de estas condiciones salvajes y crea y coloca sus personajes como un dios en una trama voraz. Soy amanerado, pero no marica. Los estereotipos es un vasto y rico escenario para narrar y cautivar. Por eso mismo, sucede que mientras hablo del homosexualismo, pienso que la importancia que ustedes dan a la obra se centra en el tema tabú y no en el trasfondo. Quisiera equivocarme, pero estoy seguro que es así. También lo uso con fines de marqueteo, no voy a mentir”

En la primera fila, justo al frente de Luis y su repertorio, está sentada una pareja de homosexuales, dura palabra, y en voz delicada preguntan sobre la elección del tema. Luis no se sonroja y responde que fue la voluntad de realizarlo lo que hizo viable el proyecto. Basándose en la filosofía, Luis empieza a detonar rasgos de humildad cuando dice “Yo no me he presentado a ustedes mediante esta obra. Son ustedes los que me han buscado para darles de este bocadito agridulce por temor de sus limitadas vidas  y problemas. Una vez apagadas las luces, Luis alista sus cosas y así como fue, se marcha, dice hacia Moquegua. Estoy seguro que con la personalidad de Luis, todo le saldrá bien.


Cuando la distancia entre el acto y el espectador desaparecen...

Lea la siguiente parte del reportaje aquí
https://rbfreddyaguilar.blogspot.com/2018/11/tercera-entrada-del-reportaje-biografico.html


Primera Parte de Reportaje Biográfico


En cada obra propone una nueva forma de ver el teatro

La pequeña compañía que puja Luis Ramírez

Sus adaptaciones intimistas rompen esquemas en el sur del país




Juego con el amor, porque lo sincero está en la amistad. Luis Ramírez tiene 25 años, está soltero y dirige “Cuando el día viene mudo”, escrita por Diego La Hoz. Sobre la puesta en escena, explica que es un clásico que, como todo, necesita renovarse. Pocas palabras: “la obra habla por sí sola”. El desencaje es su estilo. Arriba o debajo de las tablas, actúa. Con las mujeres es comediante, con su familia dramatiza, con nosotros, Luis, ¿eres otra ficción?

Optimista dramaturgo: Cree en la formación íntegra del actor
Siempre se trata de lo real, responde. No es su primera vez en Arequipa, segundo destino en la gira que presenta su obra, que ya visitó Puno y ahora se va a Moquegua. ¿En qué sentido? Todos comprendemos que sobre el escenario uno se transforma en otro. Pero “todos” nos equivocamos, y ese mismo “todos” también es real; es el entorno que no es palpable. Quizás sea un argot social emotivo para sentirnos juntos. El sentimiento que nos unifica.

Hijo de Puno, el sur es una amalgama, dice. Vive en Tacna donde ha culminado su carrera de Comunicador Social. Se dedica a la gestión y apoya a mantener viva una casa cultural independiente llamada “Laramamango”. Se plantea a solas las adaptaciones que dirige. Su forma intimista de representarlas habla mucho de su persona. Carraspea, por momentos se lo ve sumiso, por otros su energética voz llena el lugar, un café, y si no supiese que es actor ya dudaría de una doble personalidad escondida.

Tan corriente tampoco es, comenzando porque se dedica a lo que le gusta en un país “lleno de intrigadores y asustados”. Misma obra, diferente contexto. “Cuando el día viene mudo” fue planeada para ser compartida en un escenario que a la vez hace de tribuna. Misma vida, diferente perspectiva. ¿Quién no se ha topado repitiendo líneas de memoria para continuar el acto de la manera más amena posible?

Sobre su oficio de dramaturgo, explica que se basa en la renovación continua de guiones antiguos casi olvidados por el público que intenta devolver a las tablas, y sobre todo, a la consciencia colectiva. “Escribo poco, y me he dado cuenta que mi rol en el mundo de las tablas es devolver al público pasiones olvidadas. Pocos entienden que el teatro no se centra en el escrito ni en seguir un patrón estricto de actuación, sino en la adecuación y representación de verdaderas gemas del conocimiento humano”.

Antes de preguntarle su lejanía con la producción de textos, él mismo agrega que su pasión radica en redescubrir y renovar al teatro peruano, que por sí mismo tiene un potencial dormido. “Me reconozco melancólico, pero no de los llorones, al contrario, soy de esos que alaban como a un santo aquello que me deslumbró en cierta época de mi vida. En mi caso, mi secundaria y los talleres de teatro, donde leí a mis maestros.

No obstante, el molde clásico le suena a una “malinterpretación de las formas”. El teatro es un lenguaje escénico. Se necesita una compañía, una dirección, un guión y un escenario para montar una obra. “Por lo mismo, no creo en clásicos sino en una tradición que nos ha sido regalada por mentes brillantes que buscaron en su momento trascender el tiempo con su mensaje.
De entre los maestros que admiras, Luis, es seguro que prefieres al limeño La hoz, por algo montas una obra de él, ¿verdad? Sin embargo, otros nombres que lo han marcado son Sergio Arrau, Omar Aramayo y Sara Joffré. De la ciudad de Arequipa reconoce el trabajo que realizan los grupos teatrales como “Artescénica”, “Teatrando” y “Umbral”.

Luis, la poca fascinación con la que nos cuentas sobre tus gustos, ¿a qué se debe? Mira, responde, el trabajo teatral es como cimentar una familia. Ya he contado cuáles compañías me agradan en escena, pero lo primordial es crear este vínculo entre actualidad y prosperidad en el género dramático. Sucedió que el Perú era un país teatral estupendo hasta los años cincuenta. Luego sucedió lo de Velazco, la gente ya no iba a los teatros no porque no tuviera buenos gustos, al contrario, sabía la poca especulación que producían los trabajos sin cimientos.

Vaya, el Perú en realidad es un país con tradición dramático, sino véase las clásicas puestas en escenas de Ollantay, los guiones de Sebastián Salazar Bondy y Yerovi. Pero texto es texto, palabra inválida cuando la real escena se ciñe solo al contrato, a la puesta en escena, y se surra en la generación de talentos o como se dice, crear escuela, cantera, compromisos como el de Luis que van más allá de firmar para presentar y pedir camerinos personales.

¿Entonces Luis, es otra ficción hablar de una potencia teatral peruana? Con vista al futuro, el joven director tiene preparado estudiar una maestría en gestión cultural en la Universidad Católica y luego dedicarse quizás, solo entonces, a escribir obras propias. “Sí. Con vista al futuro, como debe ser, veo con poca esperanza al teatro peruano, que se sumerge en una apatía de convento, donde los santos intocables están muertos porque la gente no se acerca a ellos, ni los nuevos talentos son integrados a un proyecto serio y comprometido. No obstante, deseo dejar el mundo haciendo esto que me apasiona, teatro, y así por lo menos, dejar el camino liso para alguien con más agallas que yo.”



Click al link para leer la segunda parte de este reportaje biográfico:
https://rbfreddyaguilar.blogspot.com/2018/11/2-parte-del-documental-biografico.html