miércoles, 28 de noviembre de 2018

Segunda parte del Documental biográfico


Cuando el día de la obra llega mudo


Luis Ramírez es director, acomodador y espectador


Luis Ramírez se planta en la puerta del local del Teatro Universitario de la UNSA, saluda con humildad de director novísimo a los concurrentes, agradece y los sitúa en un lugar cómodo. No es la excepción conmigo, y aunque no vaya vestido de la manera más adecuada (había apenas salido del trabajo) calmo me aconseja sentarme en primera fila “para ver el show en detalle”. Separo una silla para mi enamorada.

Conforme los minutos avanzan y el escenario que hace también de palco se llena, compartimos nerviosismo, él naturalmente por ser director y yo por la gente que empieza preguntarme si el asiento está libre u ocupado. “Sí, está ocupado”, respondo con algo de hostilidad. Entre susurros escucho el comentario de alguien inoportuno: “en el teatro no se pueden separar asientos”. Lo mismo pienso yo, pero más estoy emocionado por ver la obra y me olvido en un segundo de lo acontecido.

Luis mira el reloj. Después de media hora, puntualmente, cierra las puertas y apaga las luces, no sin antes dar las advertencias de siempre, sobre los celulares y el uso del flash de sus cámaras. La bulla se acaba. El espíritu del director acaba de hacer presencia de una forma contundente y clara. Desde el arranque, el tímido Luis de la mañana ha desaparecido. En su lugar encontramos al dramaturgo enfocado en su papel social y por qué no, de mediador entre una puesta en escena y espectadores.
Que hable la obra. En treinta minutos que no narraré se presenta la historia de dos jóvenes amigos que se confunden al descubrir que ambos han crecido y experimentan el amor y otras emociones de maneras totalmente diferentes, casi transversales. El día, como nos prometió Luis desde la elección de la obra, llega mudo al finalizar la puesta y deja dos, incluso tres heridos de una guerra fría, intensa pero que no llega al clímax.

Esta ausencia se transforma en esencia dentro del marco de la obra. Finalizando, Luis pide fuertes aplausos para los actores y los colaboradores de tal magnánima obra. La universidad, dice, lo ha acogido con inigualable vitalidad y criterio. La mayoría de espectadores, evidentemente, estudian en la casa de estudio que Ramírez contempla con júbilo. Vendrá más seguido, promete.
Responde una a una todas las cuestiones, que van desde la puesta en escena hasta preguntas sobre la elección del tema, si se trata de una forma tácita de expresar su homosexualismo, en fin. Las conclusiones erradas sobran hasta que Luis se expresa. Ahora en su rol de director explayándose sobre su adaptación, plantea la siguiente idea elocuente:

“No se trata de mi, ni de los autores, ni siquiera de la obra y menos del guion. Es una experiencia esto que he querido brindarles. Ustedes con sus vidas forjadas por circunstancias equis han soñado con esto, con experiencias fuera de foco, con amigos que lo brinden todo a través de poemas y con fantasías homosexuales. Para eso estamos, para el desfogue del imaginario colectivo, para erradicar esa vibración ansiosa, ese dengue humano”.

El arte escénico y Luis, pienso, comparten esa simpatía por la gente, por hacerlos sudar como juguetes vivos y de emociones que por un momento se han prestado voluntariamente a aceptar una “realidad extraña”, que sin embargo, retumbaba con violencia en el subconsciente. Con respecto a las preguntas sobre su supuesto homosexualismo, hace lo mejor: las afronta sin temor alguno:

“El teatro se alimenta de estas condiciones salvajes y crea y coloca sus personajes como un dios en una trama voraz. Soy amanerado, pero no marica. Los estereotipos es un vasto y rico escenario para narrar y cautivar. Por eso mismo, sucede que mientras hablo del homosexualismo, pienso que la importancia que ustedes dan a la obra se centra en el tema tabú y no en el trasfondo. Quisiera equivocarme, pero estoy seguro que es así. También lo uso con fines de marqueteo, no voy a mentir”

En la primera fila, justo al frente de Luis y su repertorio, está sentada una pareja de homosexuales, dura palabra, y en voz delicada preguntan sobre la elección del tema. Luis no se sonroja y responde que fue la voluntad de realizarlo lo que hizo viable el proyecto. Basándose en la filosofía, Luis empieza a detonar rasgos de humildad cuando dice “Yo no me he presentado a ustedes mediante esta obra. Son ustedes los que me han buscado para darles de este bocadito agridulce por temor de sus limitadas vidas  y problemas. Una vez apagadas las luces, Luis alista sus cosas y así como fue, se marcha, dice hacia Moquegua. Estoy seguro que con la personalidad de Luis, todo le saldrá bien.


Cuando la distancia entre el acto y el espectador desaparecen...

Lea la siguiente parte del reportaje aquí
https://rbfreddyaguilar.blogspot.com/2018/11/tercera-entrada-del-reportaje-biografico.html


No hay comentarios:

Publicar un comentario