En cada obra propone una nueva forma de ver el teatro
La pequeña compañía que puja Luis Ramírez
Sus adaptaciones intimistas rompen esquemas en el sur del país
Juego con el amor, porque lo sincero está en la amistad.
Luis Ramírez tiene 25 años, está soltero y dirige “Cuando el día viene mudo”,
escrita por Diego La Hoz. Sobre la puesta en escena, explica que es un clásico
que, como todo, necesita renovarse. Pocas palabras: “la obra habla por sí sola”.
El desencaje es su estilo. Arriba o debajo de las tablas, actúa. Con las
mujeres es comediante, con su familia dramatiza, con nosotros, Luis, ¿eres otra
ficción?
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| Optimista dramaturgo: Cree en la formación íntegra del actor |
Siempre se trata de lo real, responde. No es su primera vez
en Arequipa, segundo destino en la gira que presenta su obra, que ya visitó
Puno y ahora se va a Moquegua. ¿En qué sentido? Todos comprendemos que sobre el
escenario uno se transforma en otro. Pero “todos” nos equivocamos, y ese mismo
“todos” también es real; es el entorno que no es palpable. Quizás sea un argot
social emotivo para sentirnos juntos. El sentimiento que nos unifica.
Hijo de Puno, el sur es una amalgama, dice. Vive en Tacna
donde ha culminado su carrera de Comunicador Social. Se dedica a la gestión y
apoya a mantener viva una casa cultural independiente llamada “Laramamango”. Se
plantea a solas las adaptaciones que dirige. Su forma intimista de
representarlas habla mucho de su persona. Carraspea, por momentos se lo ve
sumiso, por otros su energética voz llena el lugar, un café, y si no supiese
que es actor ya dudaría de una doble personalidad escondida.
Tan corriente tampoco es, comenzando porque se dedica a lo
que le gusta en un país “lleno de intrigadores y asustados”. Misma obra,
diferente contexto. “Cuando el día viene mudo” fue planeada para ser compartida
en un escenario que a la vez hace de tribuna. Misma vida, diferente
perspectiva. ¿Quién no se ha topado repitiendo líneas de memoria para continuar
el acto de la manera más amena posible?
Sobre su oficio de dramaturgo, explica que se basa en la
renovación continua de guiones antiguos casi olvidados por el público que intenta
devolver a las tablas, y sobre todo, a la consciencia colectiva. “Escribo poco,
y me he dado cuenta que mi rol en el mundo de las tablas es devolver al público
pasiones olvidadas. Pocos entienden que el teatro no se centra en el escrito ni
en seguir un patrón estricto de actuación, sino en la adecuación y
representación de verdaderas gemas del conocimiento humano”.
Antes de preguntarle su lejanía con la producción de textos,
él mismo agrega que su pasión radica en redescubrir y renovar al teatro
peruano, que por sí mismo tiene un potencial dormido. “Me reconozco
melancólico, pero no de los llorones, al contrario, soy de esos que alaban como
a un santo aquello que me deslumbró en cierta época de mi vida. En mi caso, mi
secundaria y los talleres de teatro, donde leí a mis maestros.
No obstante, el molde clásico le suena a una “malinterpretación
de las formas”. El teatro es un lenguaje escénico. Se necesita una compañía,
una dirección, un guión y un escenario para montar una obra. “Por lo mismo, no
creo en clásicos sino en una tradición que nos ha sido regalada por mentes
brillantes que buscaron en su momento trascender el tiempo con su mensaje.
De entre los maestros que admiras, Luis, es seguro que
prefieres al limeño La hoz, por algo montas una obra de él, ¿verdad? Sin
embargo, otros nombres que lo han marcado son Sergio Arrau, Omar Aramayo y Sara
Joffré. De la ciudad de Arequipa reconoce el trabajo que realizan los grupos
teatrales como “Artescénica”, “Teatrando” y “Umbral”.
Luis, la poca fascinación con la que nos cuentas sobre tus
gustos, ¿a qué se debe? Mira, responde, el trabajo teatral es como cimentar una
familia. Ya he contado cuáles compañías me agradan en escena, pero lo
primordial es crear este vínculo entre actualidad y prosperidad en el género
dramático. Sucedió que el Perú era un país teatral estupendo hasta los años
cincuenta. Luego sucedió lo de Velazco, la gente ya no iba a los teatros no
porque no tuviera buenos gustos, al contrario, sabía la poca especulación que
producían los trabajos sin cimientos.
Vaya, el Perú en realidad es un país con tradición
dramático, sino véase las clásicas puestas en escenas de Ollantay, los guiones
de Sebastián Salazar Bondy y Yerovi. Pero texto es texto, palabra inválida
cuando la real escena se ciñe solo al contrato, a la puesta en escena, y se
surra en la generación de talentos o como se dice, crear escuela, cantera,
compromisos como el de Luis que van más allá de firmar para presentar y pedir camerinos
personales.
¿Entonces Luis, es otra ficción hablar de una potencia
teatral peruana? Con vista al futuro, el joven director tiene preparado
estudiar una maestría en gestión cultural en la Universidad Católica y luego
dedicarse quizás, solo entonces, a escribir obras propias. “Sí. Con vista al
futuro, como debe ser, veo con poca esperanza al teatro peruano, que se sumerge
en una apatía de convento, donde los santos intocables están muertos porque la
gente no se acerca a ellos, ni los nuevos talentos son integrados a un proyecto
serio y comprometido. No obstante, deseo dejar el mundo haciendo esto que me
apasiona, teatro, y así por lo menos, dejar el camino liso para alguien con más
agallas que yo.”
Click al link para leer la segunda parte de este reportaje biográfico:
https://rbfreddyaguilar.blogspot.com/2018/11/2-parte-del-documental-biografico.html

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