miércoles, 28 de noviembre de 2018

Primera Parte de Reportaje Biográfico


En cada obra propone una nueva forma de ver el teatro

La pequeña compañía que puja Luis Ramírez

Sus adaptaciones intimistas rompen esquemas en el sur del país




Juego con el amor, porque lo sincero está en la amistad. Luis Ramírez tiene 25 años, está soltero y dirige “Cuando el día viene mudo”, escrita por Diego La Hoz. Sobre la puesta en escena, explica que es un clásico que, como todo, necesita renovarse. Pocas palabras: “la obra habla por sí sola”. El desencaje es su estilo. Arriba o debajo de las tablas, actúa. Con las mujeres es comediante, con su familia dramatiza, con nosotros, Luis, ¿eres otra ficción?

Optimista dramaturgo: Cree en la formación íntegra del actor
Siempre se trata de lo real, responde. No es su primera vez en Arequipa, segundo destino en la gira que presenta su obra, que ya visitó Puno y ahora se va a Moquegua. ¿En qué sentido? Todos comprendemos que sobre el escenario uno se transforma en otro. Pero “todos” nos equivocamos, y ese mismo “todos” también es real; es el entorno que no es palpable. Quizás sea un argot social emotivo para sentirnos juntos. El sentimiento que nos unifica.

Hijo de Puno, el sur es una amalgama, dice. Vive en Tacna donde ha culminado su carrera de Comunicador Social. Se dedica a la gestión y apoya a mantener viva una casa cultural independiente llamada “Laramamango”. Se plantea a solas las adaptaciones que dirige. Su forma intimista de representarlas habla mucho de su persona. Carraspea, por momentos se lo ve sumiso, por otros su energética voz llena el lugar, un café, y si no supiese que es actor ya dudaría de una doble personalidad escondida.

Tan corriente tampoco es, comenzando porque se dedica a lo que le gusta en un país “lleno de intrigadores y asustados”. Misma obra, diferente contexto. “Cuando el día viene mudo” fue planeada para ser compartida en un escenario que a la vez hace de tribuna. Misma vida, diferente perspectiva. ¿Quién no se ha topado repitiendo líneas de memoria para continuar el acto de la manera más amena posible?

Sobre su oficio de dramaturgo, explica que se basa en la renovación continua de guiones antiguos casi olvidados por el público que intenta devolver a las tablas, y sobre todo, a la consciencia colectiva. “Escribo poco, y me he dado cuenta que mi rol en el mundo de las tablas es devolver al público pasiones olvidadas. Pocos entienden que el teatro no se centra en el escrito ni en seguir un patrón estricto de actuación, sino en la adecuación y representación de verdaderas gemas del conocimiento humano”.

Antes de preguntarle su lejanía con la producción de textos, él mismo agrega que su pasión radica en redescubrir y renovar al teatro peruano, que por sí mismo tiene un potencial dormido. “Me reconozco melancólico, pero no de los llorones, al contrario, soy de esos que alaban como a un santo aquello que me deslumbró en cierta época de mi vida. En mi caso, mi secundaria y los talleres de teatro, donde leí a mis maestros.

No obstante, el molde clásico le suena a una “malinterpretación de las formas”. El teatro es un lenguaje escénico. Se necesita una compañía, una dirección, un guión y un escenario para montar una obra. “Por lo mismo, no creo en clásicos sino en una tradición que nos ha sido regalada por mentes brillantes que buscaron en su momento trascender el tiempo con su mensaje.
De entre los maestros que admiras, Luis, es seguro que prefieres al limeño La hoz, por algo montas una obra de él, ¿verdad? Sin embargo, otros nombres que lo han marcado son Sergio Arrau, Omar Aramayo y Sara Joffré. De la ciudad de Arequipa reconoce el trabajo que realizan los grupos teatrales como “Artescénica”, “Teatrando” y “Umbral”.

Luis, la poca fascinación con la que nos cuentas sobre tus gustos, ¿a qué se debe? Mira, responde, el trabajo teatral es como cimentar una familia. Ya he contado cuáles compañías me agradan en escena, pero lo primordial es crear este vínculo entre actualidad y prosperidad en el género dramático. Sucedió que el Perú era un país teatral estupendo hasta los años cincuenta. Luego sucedió lo de Velazco, la gente ya no iba a los teatros no porque no tuviera buenos gustos, al contrario, sabía la poca especulación que producían los trabajos sin cimientos.

Vaya, el Perú en realidad es un país con tradición dramático, sino véase las clásicas puestas en escenas de Ollantay, los guiones de Sebastián Salazar Bondy y Yerovi. Pero texto es texto, palabra inválida cuando la real escena se ciñe solo al contrato, a la puesta en escena, y se surra en la generación de talentos o como se dice, crear escuela, cantera, compromisos como el de Luis que van más allá de firmar para presentar y pedir camerinos personales.

¿Entonces Luis, es otra ficción hablar de una potencia teatral peruana? Con vista al futuro, el joven director tiene preparado estudiar una maestría en gestión cultural en la Universidad Católica y luego dedicarse quizás, solo entonces, a escribir obras propias. “Sí. Con vista al futuro, como debe ser, veo con poca esperanza al teatro peruano, que se sumerge en una apatía de convento, donde los santos intocables están muertos porque la gente no se acerca a ellos, ni los nuevos talentos son integrados a un proyecto serio y comprometido. No obstante, deseo dejar el mundo haciendo esto que me apasiona, teatro, y así por lo menos, dejar el camino liso para alguien con más agallas que yo.”



Click al link para leer la segunda parte de este reportaje biográfico:
https://rbfreddyaguilar.blogspot.com/2018/11/2-parte-del-documental-biografico.html


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